Editorial


¿SE VALE TODO EN EL RECICLAJE DE UTENSILIOS?

Unos días después de la semana santa un diseñador industrial comentaba sobre algunos aspectos en materia de reciclaje y diseño de productos; tema sobre el que a últimas fechas él ha estado reflexionando. Decía lo siguiente:

“La pasada semana santa que no trabajé y no salí de la Ciudad de México, me quedé en casa y aproveché para darme una vuelta por algunos museos y recorrer con mirada de hombre despreocupado el Centro Histórico y sus edificios de deslumbrante arquitectura, sus restaurantes y sus espectáculos al aire libre. En uno de esos días que recorría temprano las calles del Centro Histórico, me metí a desayunar a un restaurante de un recinto cultural que me llamó la atención por lo moderno de su entrada y por los carteles coloridos que se veían desde afuera. El establecimiento es uno de esos restaurantes que se han puesto de moda en colonias como la Condesa, la Roma o Coyoacán, que apuestan por el cuidado del ambiente y que incorporan el reciclaje tanto en sus utensilios (en este caso platos, cacerolas, manteles, etc.) o la decoración.

“Me senté y pedí el platillo que me gustó. Y mientras esperaba que trajeran mis alimentos, un mesero me puso el mantel y los cubiertos. En un primer momento no puse atención al “mantel personal” que me pusieron. Al rato me trajeron los alimentos y cuando empecé a comer me di cuenta del “mantel” y demás utensilios; es decir, la cacerola en la que venía mi desayuno, una cazuelita de barro con frijoles y el “plato” en el que me pusieron un pan de dulce que ordené.

“Como el restaurante en cuestión apuesta por el reciclaje me sirvieron unos huevos a la mexicana en una pequeña cacerola despostillada y sin una oreja, y por los hoyos oxidados en los que estaban los remaches de la oreja faltante, se escurría el jitomate de mi desayuno. El “mantel” era una especie de lámina de un material indefinido, entre piedra y laminado plástico, pero evidentemente deteriorada (“es una piedra pero no recuerdo el nombre”, dijo el mesero). A la cazuelita de barro con frijoles le faltaba una oreja. Y el “plato” en el que me pusieron el pan de dulce era del mismo material que el “mantel” pero francamente parecía un deshecho recogido quien sabe de dónde.

“Entonces, miré el cuadro completo, y el “mantel”, la cacerola, la cazuelita y el “plato” que estaban sobre la mesa eran utensilios de deshecho que el restaurante en cuestión (que además dice promover el diseño) los justifica como “compromiso con el reciclaje”. Y el precio de los alimentos no es el que se cobra en una cocina económica. Pero digamos que el precio de los alimentos no es lo que importa, lo preocupante aquí es: ¿Se vale que, en el caso que describo, en nombre de una supuesta preocupación por el ambiente y el compromiso con el reciclaje le ofrezcan a los consumidores alimentos en utensilios de deshecho?”

editorial-mayo2019-sectormueblero