Editorial


Con la realización de Expo Mueble Afamo y Expo Mueble Internacional el pasado mes de febrero en el estado de Jalisco, el sector del mueble se reactivó. Los negocios realizados durante las dos exposiciones anteriores levantaron el optimismo de algunas empresas expositoras que lograron pedidos. Sin duda, un panorama alentador por algún tiempo.

Pero si en febrero y durante las exposiciones había un clima entusiasta, después de unas semanas empezaron a cambiar las cosas. La pandemia de COVID-19 vino a ofrecer un panorama incierto no sólo para países de otros continentes, como Asia y Europa, sino también para México y todo el continente americano.

Ahora, a mediados de marzo, las autoridades sanitarias de México están pidiendo a instituciones de gobierno y privadas suspender actividades para enfrentar la epidemia de COVID-19. Y dependiendo de cómo evolucione el problema en algún momento podrían suspender actividades ciertas empresas, con todo lo que implica en afectación económica primero para éstas y después para el país.

Ante este panorama, los empleados de algunas empresas podrán hacer home office, pero, desde luego, muchos no. Alberto Tovar, en su columna Mis Finanzas publicada en el periódico El Financiero el 13 de marzo del 2020, escribe sobre el impacto del COVID-19 en las empresas:

“Es evidente que no todas las ocupaciones cuentan con la alternativa de laborar remotamente por lo que las compañías habrán de lidiar con la situación, pues además la operación se reduciría sobremanera. Bajarían al mínimo las juntas, citas de negocios, comidas, espectáculos, etc.

“El impacto en términos de la actividad económica es significativo y esa expectativa es la que se ha dejado sentir en los mercados bursátiles de todo el mundo. Por eso las pequeñas empresas tienen que estar atentas a una caída de su demanda de productos o servicios.”

Así es que, como dice Alberto Tovar: habrá que lidiar con la situación.

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